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Algo sobre la angustia

Cuando observo en ciertos pacientes exceso de angustia indago cuáles son las identificaciones que ese paciente tiene con formas de haber sido (mal) tratado, descalificado, desconfirmado, castigado, abandonado afectivamente cuando algo de su deseo o sus necesidades aparecían en la escena familiar.

“Triste patraña vivir en la piel de terceros”*

Algo sobre la angustia:

Cuando observo en ciertos pacientes exceso de angustia indago cuáles son las identificaciones que ese paciente tiene con formas de haber sido (mal) tratado, descalificado, desconfirmado, castigado, abandonado afectivamente cuando algo de su deseo o sus necesidades era expresado e irrumpía así en una determianda escena familiar.

Se trabaja para que el paciente pueda reconstruir qué es lo que reitera en el AQUÍ Y AHORA de esa realidad pasada: cómo trata ahora el paciente a sus gustos, deseos, necesidades, qué hace con ellos.

He observado que cuando la angustia es muy difusa -en el sentido de no poder encontrar de ninguna forma su causa- muy masiva y muy paralizante -de forma tal que sólo se siente angustia- y no se puede salir de allí por más que se intente, esta angustia es señal:

-es señal de que el paciente -en la actualidad- se está tratando a sí mismo de maneras similares a como sus deseos y necesidades fueron tratadas en un pasado por otros altamente significativos, que evidentemente suelen ser los padres o quienes hayan ocupado estos roles. Sin registrar concientemente este mecanismo, está tratando así, AQUI Y AHORA a sus deseos, a sus necesidades, sus ganas, etc., etc.

-es señal de que el paciente -ante situaciones de descuido extremo de sus deseos en el pasado- no pudo, no supo sostener el deseo. No "pudo", no "supo" defenderse, cuidarse y diferenciarse del (mal)trato recibido. En este pasado de alguna manera “se perdió a sí mismo” ya que en muchos casos lo “sano” seguramente era “perderse a sí mismo” o se quedaba sin afecto, sin pertenencia, sin sostén.

Ante tal circunstancia, el niño produce una: “sofocación de lo propio”. En su desvalimiento se defiende así tanto del:

a.) temor (fantaseado) a peder el amor de las personas significativas, y resguardar así la necesidad de ser “amado”, aprobado, aceptado, apoyado, confirmado.

b.) defenderse de la realidad concreta -ya no fantaseada- que puede padecer un infante con el “retiro de afecto” que realizan ciertos padres ante conductas no esperadas de los chicos, ante la expresión espontánea de sus deseos, ante la manifestación de sus necesidad que difieran de las expectativas paternas.

Cuando el sistema familiar reviste gravedad afectivo-relacional, el niño muchas veces termina “perdiéndose a sí mismo” hasta llegar a no saber quién es, qué quiere, qué le gusta, qué necesita, qué desea, qué no quiere, qué le produce desagrado.

Los mecanismos de “sofocación de lo propio” que se apendieron y consolidaron en el pasado son luego los mecanismos que se gatillan en la adultez.

Cuando la angustia es masiva y paralizante “señala” que hay que rastrear en el paciente qué tipo de identificaciones de “sofocar lo propio” se están poniendo en juego, qué tipo de trato se está otorgando -AQUÍ Y AHORA- a sí mismo, ante momentos de vida en los que la vida misma lleva a tomar cambios de rumbo, decisiones nuevas.

Es en la novedad de la circunstancia que la persona se encuentra ante las puertas de tener que decidir cómo resolver y enfrentar lo novedoso, si desde su verdadero deseo, o desde ese que aprendió a ser pero que verdaderamente no es.

Muchas veces la angustia masiva señala que se puede estar a las puertas de estar siendo casi el “verdugo” de uno mismo al reiterar comportamientos con uno mismo que son fruto de identificaciones del trato que se recibió en el pasado.

El miedo a volver a transitar una situación desconociendo que SE PUEDE HACER OTRA COSA produce mucha angustia: se puede “revisar” las formas de reaccionar para no volver a “sofocarse”, para no seguir tratándose a uno mismo como el propio verdugo. AQUÍ Y AHORA se puede, el momento es otro y, siendo adultos, se cuenta con otros recursos que de niño no.

La angustia señala también que hay otra opción.

* la cita fue tomada de la película A la izquierda del padre, de Luiz Fernando Goulart, basada en la novela Lavour Arcaica de Raduam Nassar

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